Noticia original de ABC publicada el 16/3/2022

El colapso ocasionado por el parón industrial durante la pandemia, unido a la inflación y la subida de costes de la energía y el transporte han encarecido las materias primas y congestionado las cadenas de suministro en todo el mundo. El papel no ha permanecido ajeno a esta situación. Tras agotarse los stocks y aumentar la demanda, comenzó el desabastecimiento y el sobreprecio. Dependiendo del tipo y el gramaje, según se trate de pulpa para prensa, publicidad o libros, el incremento ha ido del 35% al 50%, según fuentes editoriales.

«Quienes lo están pasando peor son los editores más pequeños, porque ellos compran en menor cantidad. Normalmente usan las resmas de almacén, donde hay menos stock y los precios alcanzan niveles más altos», asegura Daniel Fernández, director de Edhasa y presidente de la Federación del Gremio de Editores de España (FGEE): «La explosión de envíos por venta online y el intento de reducir el uso de plástico ha aumentado la demanda del cartón. En el caso de Edhasa eso nos afecta por las tapas duras, que es el formato que utilizamos para la primera edición».

Las bajas laborales asociadas al contagio por Covid y las huelgas como la que desde enero afronta la papelera islandesa UPM, una de las más importantes de los países nórdicos, complica la situación. La guinda sobre el pastel, según Fernández, la pone el encarecimiento de los fletes marítimos. «Los barcos priorizan el transporte de aquellas mercancías que dejan mayor margen de beneficio. Y aunque el libro sigue siendo imprescindible para el desarrollo de la humanidad, deja márgenes muy estrechos y eso crea cuellos de botella para la exportación», explica.

Los editores
Dependiendo del tamaño, a unas empresas les resulta más sencillo capear el temporal que a otras. «Los grandes sellos son capaces de resistir mejor esta situación, porque pueden imprimir en determinados países y hacer tiradas mayores, que es algo que nosotros estamos intentando en México y Argentina», comenta Joan Tarrida, director del sello Galaxia Gutenberg. «Al final, esta situación afecta a todos. Se ha multiplicado por cinco el coste de un flete. La inflación va a tener una repercusión no sólo por eso, también por el tema de energía, que afecta a la venta de cualquier producto y, por supuesto, al precio del papel».

La distribución
La necesidad de material para imprimir provoca el acopio, ya que las empresas fabrican para todo el año, aunque eso no garantiza la disponibilidad. «Hoy hemos pedido papel, pero nos dicen que nos los sirven en junio. Eso retrasa, no necesariamente las novedades, pero sí las reimpresiones. Esta situación tiene un efecto financiero: estamos avanzando el pago del papel con respecto a una situación normal e implica que tienes que planificar con mucha más antelación: no sólo el libro en sí o la fecha de publicación, también las páginas y el tipo de cubierta. En fin, te obliga a una previsión mayor. Hay editores que ya han comprado para 2022. Pero hay que tener un almacén lo suficientemente grande para guardarlo».

No sólo el papel, también la distribución condiciona el precio de venta. Muchos editores independientes que exportan sus libros a América Latina han tenido que unirse para completar el coste de un contenedor y así cumplir con el envío de sus compromisos y lanzamientos más urgentes. Así lo confirma Tarrida. «Siempre ha habido aumento del papel, es cíclico. El asunto es que antes eran momentáneas: durante medio año el precio permanecía alto, luego bajaba. El problema ahora es que no se sabe. Hay tantas incertidumbres no que es imposible saber si va a durar mucho tiempo, lo cual afecta las previsiones, para no quedarse cortos».

La inflación
«Para un gran grupo es más sencillo gestionar esto que para un editor pequeño», explica Miguel Aguilar, director editorial de Debate, Taurus y Literatura Random House. «Es un problema global al que se suma el tráfico internacional de mercancías. Muchos de los libros estadounidenses que se imprimían en China, ya no se imprimen allí. Hay más demanda en las imprentas. El problema del papel comenzó el año pasado». Sobre la incidencia directa de este encarecimiento en el precio del libro, Aguilar matiza: «A día de hoy no lo reflejamos, pero si se mantiene, eventualmente tendremos que hacer cálculos entre beneficios y los costes de los insumos».

«El problema de que no haya papel y surjan retrasos es coyuntural», explica el consultor editorial Manuel Gil. «La demanda del papel que crecía en estos últimos años no pertenecía el papel gráfico, sino de los cartonajes para el comercio electrónico. Con el parón del confinamiento, el reajuste sería un asunto de meses, Pero los costes de energía, el transporte y la inflación tendrán una influencia decisiva»

Las claves del papel, en cinco datos
Comercio electrónico. El auge del comercio electrónico y el envío postal de las compras a los consumidores, así como la supresión de los plásticos en las cadenas de empaquetado, aumentó la demanda de cartón un 5,1%.

Subida de la electricidad. La energía representa el 30% del coste total de la producción de papel, según la FGEE. Con el incremento de los costes, la repercusión final de estos incrementos dependerá de cada empresa y de cada cliente.

Ecoimpuestos. La política de los impuestos verdes conmina a las empresas a pagar una tasa bajo el principio de quién contamina paga. Este ‘coste de externalidades’ afecta también a las industrias papeleras.

El precio del libro. Una inflación del 7, 9% tiene repercusión directa sobre el precio promedio de un ejemplar en el mercado. De momento, las editoriales se muestran renuentes al aumento del PVP, y se plantean recortar otros costes.

¿Adelantos más bajos? Según la consultora Mariana Eguarás, la acumulación de gastos podría impulsar a los editores a precarizar las condiciones de trabajo de correctores y personal especializado. También es posible que afecte negativamente los adelantos de los autores.

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